La Conmovedora historia del Hachiko Boliviano, el perro que unió un barrio en Cochabamba

El Hachiko cochabambino en el vecindario que lo ama
El Hachiko cochabambino en el vecindario que lo ama. darynka sÁnchez
¿a muy pocos no se puso el corazón de anticucho cuando vio la película que narra la historia de un perro japonés, que murió esperando el retorno de su amo, frente a una estación de trenes, de donde no se movió por nueve años? En Cochabamba existe una historia similar y la conmovedora fidelidad de un perro de raza criolla logró unir a vecinos y comerciantes de un barrio, en la zona noreste de la ciudad.

Una vendedora de periódicos llamada Aida es la testigo principal de esta historia, desde el principio. Ella cuenta que hace cinco años, desde su puesto de trabajo en la jardinera de la avenida Papa Paulo y Aniceto Arce, solía ver a un perro correr todos los días detrás de una motocicleta conducida por un joven universitario que le gritaba que se fuera a casa. El can lo seguía unas dos cuadras y luego retornaba a su hogar.

Una mañana, la motocicleta del universitario fue embestida por un taxi, enfrente del puesto de la vendedora de diarios. El perro aullaba, como clamando auxilio para su amo desvanecido en la calzada. Una ambulancia se llevó al joven, pero lamentablemente murió en el trayecto al hospital. Desde ese día y por los últimos cinco años, el perro se quedó en la jardinera de la avenida Papa Paulo casi Aniceto Arce, esperando el retorno de su dueño.

La familia del universitario intentó llevárselo a casa, pero el can huyó y se niega a moverse del lugar donde murió su amo. Martha García, que ayuda en la venta de periódicos hace cuatro años, corrobora la historia y añade que varios vecinos intentaron convertir en su mascota a Hachiko, como lo bautizaron en la calle, pero él no se mueve.

“Da pena porque llora por horas en la jardinera, unos turistas norteamericanos se enteraron de la historia en el mercado y querían llevárselo, pero como si supiera, Hachiko nunca se dejó agarrar”, narra.

Comerciantes y vecinos se encariñaron con él, lo alimentan, le dan agua, se preocupan cuando se enferma y hace poco, cuando un vehículo lo golpeó lastimándole una de sus patas, regañaron al chofer e hicieron una colecta para llevarlo al veterinario. Todos están pendientes del perro y se ha convertido en parte de la vida, de la cotidianeidad del barrio. Ha hecho que los vecinos se conozcan mejor y que se tiendan lazos de solidaridad entre ellos.

Los comerciantes del mercado Papa Paulo, situado a una cuadra de la intersección de las avenidas donde suele quedarse Hachiko, echan del lugar a los canes que pululan por allí en busca de comida, pero con el perro de ojos tristes tienen consideración.

Las amas de casa le llevan pan y salchichas, pero a Hachiko le gusta el menú que le sirven en el frial Marcela, al lado del mercado. Todos los días a las ocho de la mañana, el dueño, Román Bilbao, le da un plato lleno de agua y cuellos de pollo crudo.

El perrito bebe el agua, toma una presa y vuelve a la jardinera donde vio caer a su amo, para comer allí, como si no quisiera perderse el posible retorno de su dueño.

Más tarde, retorna por más comida y repite su rutina. Cuando ya está satisfecho, cruza hasta la esquina de la Papa Paulo y Aniceto Arce y aulla lastimeramente. Sus orejas llevan las huellas de los ataques de otros canes, tienen varias cortaduras y cicatrices. Pero lo que en verdad conmueve, a propios y extraños, es la tristeza de su mirada.

Hachiko original.


Fidelidad

Un perro de raza Akita Inu, le fue regalado en 1924 al catedrático de Agricultura de la Universidad de Tokio, Eisaburo Ueno. El docente lo bautizó como Hachiko y ambos se amaban. Todos los días lo acompañaba hasta la estación de trenes de Shibuya cuando se iba a su trabajo y a las cinco de la tarde. lo recibía en el mismo lugar.

Esperó a su amo 9 años


El 21 de mayo de 1925 el catedrático sufrió un infarto mientras daba clases y murió. Por 9 años, hasta que falleció de cáncer, Hachiko se sentó frente a la estación de trenes de Shibuya a esperar a su amo y conmovió a su país.

Tiene estatua en Japón

Le hicieron una estatua de bronce frente a la estación de trenes de Shibuya. Varias películas replicaron su historia, la última con Richard Gere, “Siempre a tu lado: Hachiko”.

Testimonios.


Martha García Arce

Vendedora periódicos

La historia de este perrito es asombrosa y a todos nos conmueve en el barrio. Todos los días, desde hace 5 años Hachiko está acá, esperando que vuelva su amo pero él se accidentó y murió según nos contó doña Aida. Muchos han tratado de llevárselo como mascota, incluso fuera del país, pero Hachiko vuelve y llora en esta esquina.

Román Bilbao

Dueño Frial Marcela

La canillita nos contó su historia y es realmente increíble la fidelidad de este animal con un amo que ya no está. Todos los días viene a las ocho a mi frial para que le dé agua y cuellitos de pollo. Bebe y se lleva la comida a la jardinera donde espera a su amo desde hace años. Le dicen Hachiko por la película, pero yo le digo Wachiman. Es muy querido.
Silvina Mamani

Vecina

¿Quién no le conoce a Hachiko en este barrio de la avenida Papa Paulo? En el mercado lo quieren, las vecinas le regalan pan, le hacen curar cuando se enferma. Su historia es muy triste, da ganas de llorar porque le acompañaba a su dueño por dos cuadras y volvía a su casa, pero el muchacho se accidentó y murió. El perrito no entiende que ya no va a volver.

Saúl Jaldín

Vecino

Yo vivo por la avenida Aniceto Arce, tengo entendido que el amo de Hachiko murió en la esquina de mi avenida y la Papa Paulo. En ese lugar se queda el perro llorando. Da pena. Muchos hemos intentado que sea nuestra mascota, pero se escapa y vuelve al lugar donde murió su amo. Llueve, hace sol, truena o lo atacan otros perros y Hachiko sigue ahí. No se mueve.

Fuente: Opinion

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